Bienvenidos

Damos la bienvenida a quienes nos visitan. Nuestro propósito es ejercer la defensa y difusión de la tradición católica desde su principal baluarte: la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Especialmente cuando, una vez abiertos ciertos espacios de recuperación frente a la acción devastadora que siguió al Concilio Vaticano II, se ve hoy atacada por muchos falsos tradicionalistas (cismáticos, sedevacantistas, rebeldes sin causa) que pretenden disfrazar de celo apostólico lo que es verdadera deserción.


"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación".

(Catecismo de la Iglesia Católica, 81)


"Nuestra identidad es el único medio eficaz para ayudar a la Iglesia a restaurar la Cristiandad"

(Mons. Bernard Fellay, 16 de Julio de 2012)

EN RECUADRO

QUE NO NOS ESCANDALICE LA PASIÓN DE LA IGLESIA


La vemos desfigurada, cargando la cruz y coronada de espinas.

Escarnecida por el mundo y traicionada por muchos que visten de blanco, de escarlata, de negro, de jean.

Pero es la Iglesia, y por eso debemos ver en ella a Nuestro Señor Jesucristo que revive la Pasión en su Cuerpo Místico.

Más que nunca permanezcamos fieles, sosteniendo la Tradición católica cuando tantos huyen pretextando: “No, no es la verdadera Iglesia”, o “La Iglesia ha quedado sin Cabeza Visible”.

Es el testamento que ha dejado nuestro venerado Monseñor Marcel Lefebvre a sus verdaderos herederos.


Ver nuestra entrada LA PASIÓN DE LA IGLESIA

23/10/14

HASTA EL OPUS DEI LO RECONOCE




Transcribimos este artículo que llegó a nuestro correo electrónico, procedente de un miembro del Opus Dei.




MARTES, 14 DE OCTUBRE DE 2014

La Relatio del Sínodo sobre la Familia y las doctrinas o praxis inadmisibles
P. José María Iraburu


Ayer (13-X-2014) se publicó la «Relatio» de las discusiones[http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2014/10/13/0751/03037.html] de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos que se está celebrando en Roma. Este documento ha suscitado una gran polémica en la Iglesia, en relación con un tema tan importante como el matrimonio y la familia.

Al comenzar este comentario de la «Relatio»,

1. es justo señalar en primer lugar lo mucho que hay de bueno en las propuestas de los Padres Sinodales. Es grato leer en la «Relatio» preciosas líneas acerca de la familia como «escuela de humanidad», el «deseo de familia» que permanece vivo en todos los hombres, la condena del individualismo, la advertencia del peligro de la «fragilidad afectiva» y de la «afectividad narcisista», la confirmación de la indisolubilidad de la alianza matrimonial redimida por Cristo, el elogio de la «fidelidad al sacramento» y de la «santidad cotidiana» o la importancia de que la Iglesia acompañe a sus «hijos más frágiles», como «la luz del faro de un puerto o una antorcha para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en medio de la tempestad».

2. Y es justo también indicar que es tarea muy difícil exponer con plena verdad en una síntesis breve lo tratado por dos centenares de sinodales en numerosas intervenciones a lo largo de una semana. Ahora bien,  los trabajos muy difíciles, sobre todo si han de ser realizados rápidamente,  suelen hacerse en modo deficiente.

3. El Cardenal Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, en una entrevista en «Il Foglio» ha declarado que la información oficial sobre el Sínodo «viene manipulada»[http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=22195], dando relieve solamente a una tesis [en línea con el Cardenal Kasper], en vez de informar fielmente acerca de las varias posiciones expuestas» en el Sínodo. Verdaderamente, al leer la «Relatio» podría dudarse de que en la asamblea sinodal hayan estado presentes e intervinientes, por ejemplo, Cardenales como Müller, Caffarra, Burke, Brandmüller, De Paolis, Pell, Martino, Ruini, Napier [http://infocatolica.com/?t=cat&c=S%EDnodo%20familia%20%20%20] y otras figuras notables de la Iglesia actual, que en los últimos meses se han manifestado abiertamente contrarios a la orientación ayer expuesta en la «Relatio».

4. Más aún, advierte el Cardenal que, en estas cuestiones sobre el matrimonio y la familia, «emerge una tendencia preocupante porque algunos sostienen la posibilidad de adoptar una praxis que se separa de la verdad de la fe».

Veamos cuáles podrían ser estas doctrinas o praxis inadmisibles.



* * *


–Las uniones homosexuales

Acerca de esta realidad, tan fuertemente promovida por algunos lobbys, con el apoyo prácticamente total de las grandes Organizaciones internacionales, se dice en la «Relatio»:

«…La Iglesia, por otra parte, afirma que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer [51]… [Ahora bien] Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas» [52].

En derecho, es un lugar común que la suppressio veri suele ser equivalente a la suggestio falsi. Es decir, que la omisión intencionada de una parte importante de la verdad equivale a menudo a insinuar una falsedad. Por ello, es necesario señalar que los eufemismos utilizados en estas frases no reflejan la doctrina católica en absoluto y pueden dar lugar a creencias erróneas sobre el tema.

Decir simplemente que las uniones homosexuales «no pueden ser equiparadas al matrimonio» es engañoso. Tampoco se pueden equiparar al matrimonio muchas relaciones buenas, como la amistad, los equipos de fútbol o los contratos de arrendamiento. Pero con las uniones homosexuales sucede algo mucho más importante: según la doctrina católica son el producto deactos intrínsecamente desordenados, un hecho que es fundamental para comprenderlas, y que la «Relatio» omite. Del mismo modo, es rechazable la expresión «las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales». No hay «problemática moral» en las uniones homosexuales. Hay simplemente una inmoralidad grave, porque están basadas en un pecado grave.

Estos eufemismos llevan directamente a la conclusión enunciada al final del párrafo 52: «hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas» del mismo sexo. ¿Valioso soporte?… Esta afirmación contradice directamente la enseñanza de la Iglesia sobre los actos homosexuales, que son los que definen ese tipo de uniones:

«…Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves (cf. Gn 19,1-29; Rm 1,24-27; 1Cor 6,10; 1Tm 1,10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl.Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso» (Catecismo de la Iglesia Católica 2357).

Si la propia Iglesia enseña que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, es decir, pecaminosos, contrarios a la ley natural y que no pueden recibir aprobación en ningún caso, ¿cómo puede un padre sinodal elogiar las uniones homosexuales basadas en esos actos?

Una unión homosexual, en sí misma, es una estructura de pecado, porque tiene su fin en un pecado y en ningún caso puede ser objeto de elogio. Las cosas buenas que haya en una unión de ese tipo no provienen de la unión, sino que existen a pesar de ella. En las acciones humanas siempre hay una parte de bien, pero cuando pecamos esa parte de bien queda reducida a un mero resto de bondad creatural en algo que el pecado ha destruido. Es metafísicamente imposible que haya algo absolutamente malo, pues lo malo es un no-ser, y ha de tener una existencia apoyada en algún bien, que es el ser. En el caso de las parejas homosexuales, la amistad entre ellos o ellas, que es un don maravilloso de Dios, se ha deformado y pervertido por el pecado. Que siga habiendo restos de amistad sana no hace que esas uniones pecaminosas sean dignas de elogio, sino, al contrario, revela de forma más clara cómo el bien que Dios tenía planeado ha sido carcomido por el pecado.

Veamos, si no, qué sucede si la argumentación de la «Relatio» se aplica a otros pecados. Un ladrón de bancos, por ejemplo, a menudo ejercita en sus robos una buena cualidad, como es la valentía. El mujeriego puede emplear gran cortesía con la mujer que quiere seducir. El estafador es imaginativo, el avaro es austero y el juerguista lujurioso quizá sea alegre y generoso. Sin embargo, resulta inimaginable un texto de la Iglesia que elogie a los ladrones, mujeriegos, estafadores, avaros y lujuriosos, tomando «en consideración» que hay casos en que esas cualidades buenas mencionadas «constituyen un valioso soporte» para sus vidas. Es evidente que, si usan esas cualidades buenas para hacer algo malo, no son dignos de elogio. ¿Por qué, entonces, se intenta tratar algunos pecados que están «de moda» –el ejercicio de la homosexualidad, por ejemplo–, de forma totalmente distinta a los demás pecados, como si en realidad no fueran tales pecados? Es de temer que se trate de la influencia del mundo, que se ve denunciado por la enseñanza moral de la Iglesia y desea acallarla. Un deseo que desgraciadamente halla cómplices en algunos católicos.

El error en este enfoque está en presentar la parte de bien, que existe en toda conducta humana por nuestra condición de criaturas de Dios, como si justificase el pecado o lo hiciera más aceptable. Por ejemplo: alguien abandona a su mujer «para rehacer su vida». Esos dos hombres forman una pareja homosexual, «pero fiel y no promiscua», etc. Es decir, se usan los restos de bien que el pecado aún no ha destruido del todo como excusa para justificar que se siga haciendo el mal, lo que indica una malicia diabólica. En cambio, la doctrina católica siempre ha enseñado que absolutamente nada en el mundo justifica cometer un pecado. Nada. Y menos un pecado mortal. Una afirmación que relativice su importancia como si, de algún modo, se compensase con otras cosas buenas que haga la persona es siempre errónea, está inspirada por el Padre de la Mentira.

Los elogios se vuelven aún más inadecuados si tenemos en cuenta que el apartado de la «Relatio» dedicado a las personas homosexuales se titula simplemente «Acoger a las personas homosexuales», sin ninguna llamada a la conversión, y sin comunicarlos lo que enseña la Revelación divina sobre los actos homosexuales. En efecto, se omite señalar cuál es el camino que la Iglesia propone a las personas homosexuales:

«Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo, que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica 2359 ).

Esta omisión es especialmente grave, porque oculta a las personas con atracción por el mismo sexo el plan de Dios para ellos, es decir, la vía por la que pueden alcanzar la perfección cristiana, la santidad.


–Las parejas de hecho

En el número dedicado a las «uniones de hecho», se repite esta misma tendencia a otorgar una cierta aprobación de actos pecaminosos:

«…En otros países, las uniones “de hecho” son muy numerosas, no por motivo del rechazo de los valores cristianos sobre la familia y el matrimonio; sino sobre todo por el hecho de que casarse es un lujo, de modo que la miseria material empuja a vivir en uniones “de hecho”» [38].

Del mismo modo podría decirse que la pobreza «empuja» a la prostitución o al robo. En realidad, los «valores cristianos sobre la familia y el matrimonio» incluyen no cohabitar si uno no está casado, ya sea por no tener dinero o salud o por cualquier otra razón. En consecuencia, cohabitar sin matrimonio siempre es «rechazar los valores cristianos». Por eso es un pecado.

Esta afirmación revela, además, un desprecio paternalista por los pobres, que resulta muy poco cristiano. Va a resultar por ese camino que, según el Evangelio, los ricos tienen un camino más expedito que los pobres para vivir la santidad. En efecto, al sugerir que es propio de los que viven en miseria material anteponer las consideraciones económicas a sus principios morales, los está considerando cristianos de segunda categoría, incapaces de vivir realmente el Evangelio, como supuestamente harían los cristianos adinerados de los países ricos. Esto es falso no solamente a la luz de la fe católica, sino a la luz de la misma experiencia.

En realidad, este tipo de justificaciones suelen ser más bien una excusa de quienes optan por convivir extraconyugalmente. Así pues, no tiene sentido darles carta de naturaleza en un documento eclesial, porque es una constante del ser humano el intentar justificar sus propios pecados. Lo mismo hacen quienes roban («no lo echarán en falta, porque tienen mucho dinero»), odian («se lo merece»), envidian («es injusto que a ella todo le salga bien y a mí no»), etc. La falsa justificación no sólo no justifica, sino que aparta del perdón y de la verdadera justificación, y arraiga a la persona en el pecado, porque no le deja reconocer la propia culpa.

Una pastoral caritativa, en estos casos, consiste en ayudar al que se engaña a sí mismo a salir de su engaño, no en confirmarlo en su extravío. Debemos aprender de Cristo, que presentaba la verdad tal como es: «entrad por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran» (Mt 7,13-14).


–Los divorciados vueltos a casar y la comunión eucarística

Finalmente, la «Relatio» incluye, casi literalmente, algunas propuestas que hizo el Card. Kasper antes de que comenzara el Sínodo sobre la recepción de la comunión por parte de los divorciados en una nueva unión:

«Con respecto a la posibilidad de acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos. Para algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes» [47].

Esta propuesta es presentada como una novedad en el Sínodo sobre la familia de 2014-2015. Pero parece ignorar que el Sínodo anterior sobre la familia, en 1980, trató precisamente este tema y enseñó la doctrina católica sobre el mismo:

«La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio» (Exhortación apostólica postsinodal, San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 84).

Nótese que en ese documento del Papa se señalaba un motivo doctrinal (contradicción objetiva de su situación con el amor entre Cristo y la Iglesia), y otro pastoral (la posibilidad de error y confusión sobre la indisolubilidad). Doce años después, el Catecismo de la Iglesia Católica ahondaba sobre el mismo asunto:

«…El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente»… (Catecismo 2384).

También la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar[http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_14091994_rec-holy-comm-by-divorced_sp.html], dos años más tarde, reafirmó esta doctrina de la Iglesia:

«Por consiguiente, frente a las nuevas propuestas pastorales arriba mencionadas, esta Congregación siente la obligación de volver a recordar la doctrina y la disciplina de la Iglesia al respecto. Fiel a la palabra de Jesucristo, la Iglesia afirma que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el anterior matrimonio. Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comunión eucarística mientras persista esa situación».

Por lo tanto, resulta inconcebible escuchar en un Sínodo de los obispos este tipo de propuestas ya condenadas repetidas veces por ser frontalmente opuestas a la enseñanza constante de la Iglesia. La propia excusa de la naturaleza meramente «pastoral» de estas propuestas también es contraria a esa misma enseñanza de la Iglesia, que establece con total claridad que la práctica de no admitir a la comunión a los divorciados casados civilmente tiene una motivación pastoral, y no sólo doctrinal. Esta propuesta destruye la razón de ser del Sínodo, ya que socava los cimientos de la enseñanza de la Iglesia, y sustituye la estabilidad de la Cruz de Cristo, en torno a la cual gira el mundo, por una Veleta en cambio permanente, que deja a los fieles «zarandeados por cualquier viento de doctrina» (Ef 4,14).


–La comunión espiritual

Una objeción del Card. Kasper, contraria a la práctica de la Iglesia, que también ha sido recogida cuidadosamente en la «Relatio», resulta lamentable por su ingenuidad:

«Sugerir limitarse [en los divorciados recasados] a la sola “comunión espiritual” para no pocos Padres sinodales plantea algunas preguntas: ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental?» [48].

Este tema ya fue tratado en un artículo publicado por Bruno Moreno en InfoCatólica, tituladoPolémicas Matrimoniales (II): la comunión espiritual[http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1405160448-polemicas-matrimoniales-ii-la]. La respuesta a esta cuestión es evidente: la práctica de la comunión espiritual consiste en un acto de «deseo» de recibir la comunión, no en «la recepción» objetiva del Pan celestial, Jesucristo. Un acto de comunión espiritual, en una persona bien dispuesta, puede hacer que la persona reciba las mismas gracias que si hubiera recibido la comunión eucarística. Pero en una persona que quiere persistir en una situación de pecado grave producirá otras gracias distintas, adecuadas a su situación particular, como la gracia del arrepentimiento de ese pecado. Así pues, comunión eucarística y la práctica de la comunión espiritual no pueden equipararse, y la objeción carece de sentido.

* * *

Como resumen, conviene resaltar que, entre los temas recogidos en la «Relatio», hay varias afirmaciones inaceptables a la luz de la doctrina católica. Esto no es una mera opinión particular del abajo firmante, sino que ha sido señalado por diversos prelados, como el Mons. Stanislaw Gadecki, arzobispo de Poznan [http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=22194] y presidente de la Conferencia Episcopal Polaca (el contenido de la «Relatio» es «inaceptable para muchos obispos»), el Cardenal Wilfrid Fox Napier [https://www.lifesitenews.com/news/why-not-communion-for-polygamists-if-we-give-it-to-divorced-and-remarried-s] o el Cardenal Burke (la «Relatio» usa un lenguaje «confuso» e «incluso erróneo»). Es cierto que el Papa ha querido que en el Sínodo haya un ambiente de libertad para favorecer la discusión; pero evidentemente esa libertad, entre católicos y más aún entre obispos, nunca puede ser excusa para la negación de la doctrina de la Iglesia. Es la Verdad la que nos hace libres y no la libertad la que nos hace verdaderos.

El mero hecho de que se discuta lo indiscutible será tomado por el mundo como una señal de que, para la Iglesia, la fe católica ya no es indiscutible, al menos en algunas cuestiones. La negación pública de la doctrina constante de la Iglesia por parte de algunos Obispos y Cardenales inevitablemente hará pensar que esa doctrina es solamente una opinión más entre muchas. Aunque la Iglesia reafirme finalmente la doctrina católica (como no será de otra manera), es de temer que, en muchas personas, el daño ya esté hecho. Recemos por los Padres Sinodales y por el Papa, para que sepan proclamar fielmente el Evangelio que han recibido, de modo que la Iglesia siga siendo «la luz del faro de un puerto o una antorcha para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en medio de la tempestad» («Relatio» 23).

LA LOGIA CONCILIAR YA LO HA RESUELTO

EL DEBATE "COLEGIADO Y SINODAL" ES PARA EL CIRCO.

LOS QUE MANDAN EN LA CURIA YA HAN RESUELTO LO QUE VIENE.

HAY UN SUELTO DE LENGUA QUE LO DICE, Y HASTA REVELA LA ESTRATEGIA QUE SIGUEN LOS QUE TIENEN EL PODER.



Publicado en VATICAN INSIDER
Resaltados nuestros


«El cambio ha llegado; no hay marcha atrás»


Entrevista con el ministro vaticano de la Familia, Vincenzo Paglia


GIACOMO GALEAZZI
CITTA' DEL VATICANO


Mons. Vincenzo Paglia

«El cambio ha llegado y no hay marcha atrás». En el Sínodo sobre la familia las oposiciones a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar y a las uniones de hecho «no han modificado un camino que ya ha comenzado», aseguró el arzobispo Vincenzo Paglia, “ministro” vaticano de la Familia. «Se respetó el mandato de Francisco: acoger y salir», afirmó.


¿Surgió en el Sínodo una parte de la jerarquía que se opone a la obra de renovación de Francisco?


Quisiera, antes que nada, aclarar una cosa. La Iglesia, con el Sínodo, se tomó la responsabilidad de reflexionar sobre la difícil situación que están pasando las familias en el mundo. Es importante aprovechar esta perspectiva para comprender lo que está en juego y también la importancia del debate franco. Espero que en las demás instituciones políticas, sociales y económicas hagan lo que hicimos nosotros en el Sínodo. Frente al enorme caudal de problemas, era evidente que surgiera un debate articulado y vivaz. Usted habla de algunas oposiciones a la renovación que quiere Papa Francisco. El mismo Papa advirtió sobre dos tentaciones: la de enrocarse para defender posturas autoreferenciales y la del “buenismo” superficial. El Sínodo fue convocado para escuchar la situación de las familias reales de hoy y para salir a su encuentro apasionadamente y no sombríamente. No fue y no debía ser una simple repetición de la doctrina. Francisco pide una Iglesia que se ponga en marcha para acoger a todos y para recibir a los necesitados. Jesús, en primer lugar, recordó Papa Francisco, puso el ejemplo. La asamblea sinodal, incluso con todos sus límites, trató de afrontar los problemas de la gente, de las familiar, y de interrogarse sobre cómo responder. En mi opinión, es necesario seguir escuchando y buscando respuestas todavía. El texto final ha abierto, de cualquier manera, el camino que ahora debe proseguir en las diócesis hasta que llegue el Sínodo ordinario del año próximo. No podemos encerrarnos en un fuerte que se atrinchera en la rigidez de los preceptos.


¿Hubo frenos para las novedades?

Repito, el camino ya ha comenzado. Francisco está frente a todos nosotros y abre el sendero. Aunque algo no haya funcionado como hubiera debido, ejerció su misión de pastor universal. Podríamos decir, con una metáfora automovilística, que en el debate franco no todos los pistones del motor se movieron armónicamente. El “coche” sinodal tuvo por este motivo algunos sobresaltos; pero el resultado es que siguió avanzando: salió de la cochera y ahora está en las calles. No se encuentra en un circuito cerrado y protegido, sino en las calles del mundo, las que recorre el Buen Samaritano, quien, a diferencia del sacerdote y del levita, se detuvo para cargar al herido, es decir a las incontables familias heridas. Es indispensable dejarse herir. Por aquí pasa el camino sinodal que recorreremos durante este año. Y no solo los obispos, los 191 del Sínodo, sino todos, incluidas las familias cristianas. Espero que en todo el mundo se dé una especie de despertar, de debate, de discusión, de ayuda para las familias. Si en un principio esto era un cuestionario y después se transformó en un Sínodo extraordinario, espero que ahora comience una acción más clara que identifique vías y soluciones operativas.


Entonces, ¿hay que evitar la lógica del enfrentamiento?

Por supuesto que sí. No quiere decir que disminuya el debate; al contrario, quisiera que aumentaran la preocupación y el compromiso. Es así que espero poder ayudar, como Pontificio Consejo para la Familia. Nuestra labor de pastores (y de todos, incluidas las familias) es salir de las sacristías y de los muros de las Iglesias para salir al encuentro de las personas de carne y hueso. No debemos perder tiempo defendiendo posturas o posiciones abstractas. Hemos sido llamados a la “salus animarum” más que a la “salus principiorum”. Debemos salir a las calles con el Evangelio y con esa «inmensa simpatía» por el hombre de la que hablaba el beato Pablo VI.


¿Pero no hay un cierto retraso cultural?

Diría que hay un retraso tanto cultural como espiritual, un retraso al amar y comprender apasionadamente a los demás. El individualismo rampante puede desembocar en una sociedad de soledades. El Sínodo, al volver a proponer que la familia es el motor de la sociedad, pide a todos volver a descubrir la fuerza cultural de esa frase que se encuentra al principio de la Biblia: “No está bien que el hombre esté solo”. Este principio está sufriendo hoy una crisis debido al culto del Yo. Mi amigo Giuseppe De Rita habla de “egolatría”, un culto en cuyo altar se sacrifica todo, incluso los afectos más amados. Volver a descubrir la dimensión familiar de la vida significa ayudar a la sociedad a que sea más firme y fuerte, menos “líquida” y más solidaria. Todos, sin exclusión, necesitamos un amor más robusto, más generoso, que nos haga extender los brazos, que nos haga abrir los corazones. Desde la Cruz, Jesús no se ve a sí mismo, no llora por sí o por sus problemas. Ve al joven discípulo y a la anciana madre, nos ve a cada uno de nosotros. A los jóvenes sin esperanza y a los adultos endurecidos por la vida.


22/10/14

"ROMA NO INTENTA IMPONER UNA CAPITULACIÓN"


Publicado en LA PORTE LATINE
Original en francés.
Para traducir, seleccione el texto y haga clic en el traductor, sobre columna derecha.



Fraternité Saint-Pie X – Mgr Guido Pozzo : «Rome n'entend
pas imposer une capitulation» - 20 octobre 2014





Entretien avec Mgr Guido Pozzo réalisé par Jean-Marie Dumont





Quel est l’état des relations entre Rome et la Fraternité Sacerdotale Saint-Pie-X ?
Afin de favoriser le dépassement de toute fracture et division dans l’Église, et de guérir une blessure ressentie de manière douloureuse dans la vie ecclésiale, Benoît XVI, en 2009, a décidé de lever l’excommunication des évêques qui avaient été ordonnés de manière illicite par Mgr Lefebvre en 1988. Par cette décision, le pape entendait retirer une sanction qui rendait diffi­cile l’ouverture d’un dialogue constructif.

La remise de l’excommunication a été une mesure disciplinaire prise pour libérer les personnes de la censure ecclésiastique la plus grave. Mais les ­questions doctrinales demeurent et doivent être clarifiées. Tant qu’elles ne le sont pas, la Fraternité Sacerdotale Saint-Pie X (FSSPX) n’a pas de statut canonique dans l’Église et ses ministres n’exercent pas de manière légitime leur ministère ordonné, comme l'indique la Lettre de Benoît XVI aux évêques de l’Église catholique du 10 mars 2009 (1).
C’est précisément pour dépasser les difficultés de nature doctrinale qui subsistent encore que le Saint-Siège entretient des rapports et des discussions avec la FSSPX, par le biais de la commission pontificale Ecclesia Dei. Celle-ci est étroitement liée à la Congrégation pour la doctrine de la foi, puisque le président de la commission est le préfet de la Congrégation lui-même.

Ces relations et ces échanges se poursuivent depuis l’élection du pape François. Ils aident à clarifier les positions respectives sur les sujets controversés, pour éviter les incompréhensions et les malentendus, en maintenant vif l’espoir que les ­difficultés empêchant encore d’atteindre la pleine réconciliation et la pleine communion avec le Siège apostolique puissent être dépassées.

Quels sont les sujets de désaccord qui persistent ?
Les aspects controversés concernent d’une part l’estimation de la situation ecclésiale dans la période postérieure au concile Vatican II et des causes qui ont produit certains remous théologiques et pastoraux dans la période de l’après-concile et, plus généralement, dans le contexte de la modernité.
D’autre part, ils portent sur quelques points spécifiques relatifs à l’œcuménisme, au dialogue avec les religions du monde et à la question de la liberté religieuse.

Quelles sont les solutions juridiques qui pourraient être adoptées pour la FSSPX en cas d’accord ?
Dans le cas d’une réconciliation complète, le statut canonique proposé par le Saint-Siège est celui d’une prélature personnelle (2). Sur ce point, je crois qu’il n’y a pas de problème de la part de la FSSPX.

Les discussions entre Rome et la Fraternité ont-elles récemment repris, ou bien n’ont-elles jamais cessé ?
En réalité, elles n’ont jamais cessé. L’interruption provisoire des rencontres a simplement été due à la nomination d’un nouveau préfet de la Congrégation pour la doctrine de la foi et à l’élection du nouveau souverain pontife en avril 2013. Le chemin du dialogue a donc repris à l’automne 2013 avec une série de rencontres informelles, jusqu’à l’entretien du 23 septembre dernier entre le cardinal Gerhard Müller, préfet de la Congrégation pour la doctrine de la foi, et le supérieur de la FSSPX, Mgr Bernard Fellay, entretien dont le communiqué de presse du Saint-Siège a rendu compte.

Est-il envisageable de dissocier accord juridique et discussion doctrinale ? De mettre en place une prélature personnelle, tout en poursuivant, sur le plus long terme, les discussions sur les points théologiques controversés ?
En cohérence avec le motu proprio Ecclesiae Unitatem de Benoît XVI (NDLR de LPL : 2 juillet 2009), la Congrégation pour la doctrine de la foi a toujours considéré que le dépassement des problèmes de nature doctrinale était la condition indispensable et nécessaire pour pouvoir procéder à la reconnaissance canonique de la Fraternité.

Je me permets cependant de préciser que le dépassement des difficultés d’ordre doctrinal ne signifie pas que les réserves ou les positions de la FSSPX sur certains aspects qui ne relèvent pas du domaine de la foi mais qui concernent des thèmes pastoraux ou d’enseignement prudentiel du Magistère doivent être nécessairement retirées ou annulées par la Fraternité. Le désir de poursuivre la discussion et l’approfondissement de tels sujets qui font difficulté à la FSSPX, en vue de précisions et de clarifications ultérieures, non seulement est toujours possible, mais – au moins à mon avis – souhaitable et à encourager. On ne lui demande par conséquent pas de renoncer à cette exigence qu’elle manifeste à l’égard d’un certain nombre de thèmes.

Quel est alors le point « non négociable » ?
Ce qui est essentiel, ce à quoi on ne peut pas renoncer, c’est l’adhésion à la Professio fidei (3) et au principe selon lequel c’est au seul magistère de l’Église qu’a été confiée par le Seigneur la faculté d’interpréter authentiquement, c’est-à-dire avec l’autorité du Christ, la parole de Dieu écrite et transmise. C’est la doctrine catholique, rappelée par le concile Vatican II (Dei Verbum, 10), mais déjà expressément enseignée par Pie XII dans l’encyclique Humani generis. Cela signifie que le Magistère, s’il n’est certes pas au-dessus de l’Écriture et de la Tradition, est néanmoins l’instance authentique qui juge des interprétations sur l’Écriture et la Tradition, de quelque part qu’elles émanent.

Par conséquent, s’il existe différents degrés d’autorité et d’adhésion des fidèles à ses enseignements – comme le déclare la constitution dogmatique Lumen gentium (25) du concile Vatican II –, nul ne peut se mettre au-dessus du Magistère. Je pense et j’espère vivement que dans ce cadre doctrinal que je viens d’évoquer, nous pourrons trouver le point de convergence et d’entente commune, car ce sujet précis est un point de doctrine appartenant à la foi catholique, et non à une légitime discussion théologique ou à des critères pastoraux.

Un point capital, mais en même temps clairement délimité…
Il n’est pas vrai de dire que le Saint-Siège entend imposer une capitulation à la FSSPX. Bien au contraire, il l’invite à se retrouver à ses côtés dans un même cadre de principes doctrinaux nécessaires pour garantir la même adhésion à la foi et à la doctrine catholique sur le Magistère et la Tradition, en laissant dans le même temps au champ de l’étude et de l’approfondissement les réserves qu’elle a soulevées sur certains aspects et formulations des documents du concile Vatican II, et sur certaines réformes dont il a été suivi, mais qui ne concernent pas des matières dogmatiques ou doctrinalement indiscutables.

Il n’y a aucun doute sur le fait que les enseignements de Vatican II ont un degré d’autorité et un caractère contraignant extrêmement variable en fonction des textes. Ainsi, par exemple, les constitutions Lumen gentium sur l’Église et Dei Verbum sur la Révélation divine ont le caractère d’une déclaration doctrinale, même s’il n’y a pas eu de définitions dogmatiques. Tandis que, pour leur part, les déclarations sur la liberté religieuse, sur les religions non chrétiennes, et le décret sur l’œcuménisme, ont un degré d’autorité et un caractère contraignant différents et inférieurs.

Pensez-vous que les discussions puissent désormais aboutir rapidement ?
Je ne pense pas qu’on puisse indiquer dès à présent une échéance précise pour la conclusion du chemin entrepris. L’engagement de notre part et, je suppose, de la part du supérieur de la FSSPX, consiste à procéder par étapes, sans raccourcis improvisés, mais aussi avec l’objectif clairement affiché de promouvoir l’unité dans la charité de l’Église universelle guidée par le successeur de Pierre. « Caritas urget nos ! » [« La charité nous presse ! »], comme le déclare saint Paul.




Notes
(1) Dans cette Lettre, Benoît XVI y expliquait le sens de son geste et s'étonnait de la levée de boucliers qu'il avait suscitée: «Parfois on a l'impression que notre société a besoin d'un groupe au moins, auquel ne réserver aucune tolérance; contre lequel pouvoir tranquillement se lancer avec haine. Et si quelqu'un ose s'en rapprocher – dans le cas présent le pape –, il perd lui aussi le droit à la tolérance et peut lui aussi être traité avec haine sans crainte ni réserve».
(2) Quel statut pour la Fraternité ? En cas d'accord avec Rome, la FSSPX pourrait obtenir le statut de prélature personnelle. Dans le droit de l'Église, il s'agit d'une création assez récente. La seule qui existe actuellement, très connue, est l'Opus Dei. Prévue par le Code de droit canon (§ 294 à 297), elle permet le regroupement de prêtres et de diacres sous la direction d'un prélat. Sa principale caractéristique est l'absence de lien à un territoire, contrairement à la plupart des diocèses: les prêtres de la prélature peuvent être répartis dans le monde entier. Les objectifs fixés par le droit canon pour la création de ces structures sont suffisamment vastes pour pouvoir être appliqués à des initiatives de nature variée : «promouvoir une répartition adaptée des prêtres», «accomplir des tâches pastorales ou missionnaires particulières en faveur de diverses régions ou divers groupes sociaux»… Le prélat a le droit d'ériger un séminaire, d'incardiner des séminaristes et de les appeler aux ordres. Les relations avec les évêques (mise à disposition de prêtres au service des diocèses, prises en charge de certaines activités au sein d'un diocèse) doivent être précisées dans les statuts ou dans le cadre d'accords bilatéraux. C'est ainsi qu'un prêtre relevant d'une prélature peut exercer son ministère dans un lieu de culte affecté spécifiquement à la prélature, ou se voir confier, en fonction des décisions du prélat et des accords avec les évêques, une église paroissiale.
(3) Il s'agit d'un texte d'une trentaine de lignes que doivent prononcer, à titre d'exemple, les nouveaux cardinaux ou évêques, les curés ou les professeurs de séminaires à leur entrée en fonction.


NOTA NUESTRA: Aunque Roma no quiera una capitulación de la FSSPX, está a la vista que el Sínodo ha puesto de manifiesto cuál es el estado moral de quienes tienen las más altas responsabilidades en la Iglesia. En ese estado, cualquier conversación resulta difícil, muy difícil, si no imposible. ¿Es posible esperar rectitud de intención en quienes están dispuestos a jugar todo en la tómbola de la "apertura eclesial"?

 
Se refiere a también esta entrevista el blog MESSA IN LATINO
Original en italiano.

Roma non vuole la resa della FSSPX e le consentirà i dissensi non dottrinali




In un'intervista rilasciata a  Famille chrétienne (accesso a pagamento), ripresa e commentata da Riposte catholique, Mons. Guido Pozzo, Segretario della Pontificia Commissione Ecclesia Dei, si è espresso sulle relazioni tra Roma e la Fraternità Sacerdotale S. Pio X.

Già nel comunicato del 23 settembre 2014 si intravvedevano prospettive positive, e le stesse sono state più che confermate da Mons. Pozzo, il quale ha ricordato che le relazioni tra le parti continuano anche "dopo l'elezione di Papa Francesco", per superare le difficoltà dottrinali che persistono.

Aggiungiamo noi che si è creata una certa buon'intesa tra il Superiore della FSSPX mons. Fellay e il card. Mueller, Prefetto della Congregazione per la Dottrina della Fede, da cui i colloqui dipendono.

Mons. Pozzo ha ricordato che i punti su cui si ha difficoltà di incontro tra S. Sede e Fraternità riguardano sia problemi dottrinali, sia la situazione pastorale-ecclesiale nel periodo postconciliare.

Mons. Pozzo ha ricordato lo stato canonico di un'eventuale Fraternità riconciliata: egli prospetta la possibilità di una prelatura personale (proposta che, come già apparso durante gli incontri ai tempi di Benedetto XVI, sarebbe accettata dalla Fraternità). Questa soluzione avrebbe come principale caratteristica l'assenza di una circoscrizione territoriale, contrariamente alle diocesi. Il prelato della Fraternità avrebbe il libero e incondizionato diritto di erigere un seminario, di incardinare seminaristi di ordinarli.

Sui rapporti con i Vescovi diocesani ancora nulla è stato definito, anche se in virtù di accordi locali ai sacerdoti della Fraternità potrebbe anche essere affidata la cura di alcune parrocchie (oltre, ben inteso, quella delle chiese della prelatura).       

Sulle questioni dottrinali, Mons. Pozzo ricalca la posizione "ratzingeriana" ma introduce una novità: le riserve o le posizioni della Fraternità su certi aspetti che non riguardano la fede ma che concernono i temi pastorali o di insegnamento prudente del Magistero non devono essere necessariamente ritirati o annullati dalla Fraternità. Questo appare un superamento di alcune posizioni più rigide anteriori: purché non tocchino punti dottrinali, le critiche (si immagina sia sottinteso: rispettose) verso la gerarchia ecclesiastica ed il modus operandi della Chiesa, sono legittime e possono continuare. Riposte catholique commenta che, rispetto alla precisione dogmatica di Benedetto XVI, ciò sembra andare nella direzione 'francescana' di 'sdottrinalizzare' ove possibile, nella logica di un pontificato che aspira ad abbordare le questioni sotto un angolo pastorale...

Ecco le parole di Mons. Pozzo

Coerentemente con il motu proprio Ecclesiae Unitatem di Benedetto (2009), la Congregazione per la Dottrina della Fede ha sempre ritenuto che il superamento dei problemi dottrinali sia condizione essenziale e necessaria per procedere con il riconoscimento canonico della Fraternità. Tuttavia, vorrei chiarire che il superamento delle difficoltà dottrinali non significa che le riserve o le posizioni della Fraternità San Pio X su aspetti che sono al di fuori del campo della fede, ma che si riferiscono a temi pastorali e di insegnamento prudenziale del Magistero, debbano necessariamente essere ritirate o annullate dalla Fraternità. Il desiderio di continuare la discussione e l'approfondimento di tali questioni che turbano la Fraternità San Pio X, per precisazioni e chiarimenti ulteriori, non solo è ancora possibile, ma - almeno a mio parere - da incoraggiare e desiderabile. Non le si chiede quindi di derogare a tale esigenza che la Fraternità manifesta nei confronti di un certo numero di temi.

Per Pozzo, la voce "non negoziabile" è il ruolo del Magistero:

Ciò che è essenziale, cui non si può rinunciare, è l'adesione alla Professio fidei e al principio secondo il quale è solo al magistero della Chiesa che è stato affidato dal Signore la capacità di interpretare in modo autentico, vale a dire con l'autorità di Cristo, la Parola di Dio scritta e trasmessa. Questa è la dottrina cattolica, richiamata dal Concilio Vaticano II (Dei Verbum, 10), ma già esplicitamente insegnata da Pio XII nella sua enciclica Humani generis. Ciò significa che il Magistero, seppur non è certamente sopra la Scrittura e la Tradizione, è però l'istanza autentica che giudica le interpretazioni della Scrittura e della Tradizione, da qualunque parte provegano. Quindi, se ci sono diversi gradi di autorità e di adesione dei fedeli ai suoi insegnamenti - come indicato nella Costituzione dogmatica Lumen Gentium (25) del Concilio Vaticano II - nessuno si può porre al di sopra del Magistero. Penso e spero sinceramente che, in questo quadro dottrinale che ho appena descritto, si possa trovare il punto di convergenza e di intesa comune, in quanto questo particolare argomento è una dottrina appartenente alla fede cattolica, e non una discussione teologica legittima o un criterio pastorale.
 Altro passaggio:

Non è vero che la Santa Sede intende imporre una capitolazione alla FSSPX. Invece, la invita a ritrovarsi al suo fianco nello stesso quadro di principi dottrinali necessari per garantire una costante aderenza alla fede e alla dottrina cattolica del Magistero e della Tradizione, lasciando al tempo stesso al campo dello studio e dell'approfondimento le sue riserve, sollevate su alcuni aspetti e formulazioni dei documenti del Vaticano II e sul modo in cui alcune riforme che ne sono seguite, ma che non riguardano questioni di dogmatica e dottrinali indiscutibili. Non c'è dubbio che gli insegnamenti del Vaticano II hanno un grado di autorità e un carattere vincolante estremamente variabile, a seconda dei testi. Ad esempio, le costituzioni sulla Chiesa Lumen gentium e Dei Verbum sulla divina Rivelazione hanno il carattere di una dichiarazione dottrinale, anche se non c'erano definizioni dogmatiche. Mentre, d'altra parte, le dichiarazioni sulla libertà religiosa, sulle religioni non cristiane, e il Decreto sull'ecumenismo, hanno un grado di autorità e un carattere vincolante diversi e inferiori.
Sui tempi di una possibile riconciliazione:
Non credo che ora possiamo indicare un termine preciso per la conclusione del cammino intrapreso. L'impegno da parte nostra e, suppongo, da parte del Superiore della Fraternità San Pio X è di procedere per fasi, senza scorciatoie improvvisate, ma anche con il chiaro obiettivo di promuovere l'unità nella carità della Chiesa universale guidata dal successore di Pietro. "Caritas urget nos!", come afferma San Paolo.
Robertus e Enrico