Bienvenidos

Damos la bienvenida a quienes nos visitan. Nuestro propósito es ejercer la defensa y difusión de la tradición católica desde su principal baluarte: la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Especialmente cuando, una vez abiertos ciertos espacios de recuperación frente a la acción devastadora que siguió al Concilio Vaticano II, se ve hoy atacada por muchos falsos tradicionalistas (cismáticos, sedevacantistas, rebeldes sin causa) que pretenden disfrazar de celo apostólico lo que es verdadera deserción.


"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación".

(Catecismo de la Iglesia Católica, 81)


"Nuestra identidad es el único medio eficaz para ayudar a la Iglesia a restaurar la Cristiandad"

(Mons. Bernard Fellay, 16 de Julio de 2012)

EN RECUADRO

QUE NO NOS ESCANDALICE LA PASIÓN DE LA IGLESIA


La vemos desfigurada, cargando la cruz y coronada de espinas.

Escarnecida por el mundo y traicionada por muchos que visten de blanco, de escarlata, de negro, de jean.

Pero es la Iglesia, y por eso debemos ver en ella a Nuestro Señor Jesucristo que revive la Pasión en su Cuerpo Místico.

Más que nunca permanezcamos fieles, sosteniendo la Tradición católica cuando tantos huyen pretextando: “No, no es la verdadera Iglesia”, o “La Iglesia ha quedado sin Cabeza Visible”.

Es el testamento que ha dejado nuestro venerado Monseñor Marcel Lefebvre a sus verdaderos herederos.


Ver nuestra entrada LA PASIÓN DE LA IGLESIA

24/10/14

LO QUE SE DICE DEL PAPA


ASÍ LO VEN DESDE LA "PERIFERIA" PERIODÍSTICA.

SEGURAMENTE ES COMO QUIERE QUE LO VEAN.



Publicado en EL CONFIDENCIAL

 

 EL PASADO DEL PAPA EN ARGENTINA

Cuando el Papa Francisco no era tan progre


 

 

El Papa Francisco besa a un niño a su llegada a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. (Reuters)
El Papa Francisco besa a un niño a su llegada a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. (Reuters)El Papa Francisco besa a un niño a su llegada a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. (Reuters)


Iván Ruiz. Buenos Aires
Corresponsales
24/10/2014 (05:00)


Desembarcó en el Vaticano y se convirtió en el ícono de una Iglesia aggiornada. El Papa Francisco es la imagen de los vientos de cambio que soplan desde Roma, con guiños hacia divorciados, homosexuales y madres solteras. Una tendencia que se reforzó hace una semana: de su mano, un sínodo de obispos aprobó un documento histórico para la Santa Sede. Un presente que deja al descubierto el pasado de Jorge Bergoglio. Pocos imaginaban en esta ciudad que un cardenal conservador se convertiría en el líder renovador de la Curia.

Jueves 8 de julio de 2010. La ley de matrimonio homosexual estaba a punto de ser aprobada en el Congreso. Bergoglio enfrentó a todos para impedirlo. Fue el jefe de la resistencia contra un proyecto que contaba con la aprobación de la mayoría de la opinión pública, en una sociedad con el 77% de católicos.

Desembarcó en el Vaticano y se convirtió en el icono de una Iglesia 'aggiornada'. Pocos imaginaban en Buenos Aires que un cardenal conservador se convertiría en el líder renovador de la CuriaEncabezó una marcha de 50.000 personas para rechazar el matrimonio homosexual. Y fue más allá al lanzar su más recordada diatriba de puño y letra: “No seamos ingenuos. No se trata de una simple lucha política, es la pretensión destructiva al plan de Dios”, escribió Bergoglio en una carta dirigida a los cuatro monasterios de esta ciudad, misiva que pronto fue difundida por los medios de comunicación y reproducida por los fieles. “No se trata de un mero proyecto legislativo, sino de una ‘movida’ del padre de la mentira (el Diablo) que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”, sentenció.

Con estas frases Bergoglio se ratificaba, allá por 2010, como el máximo representante de una iglesia oxidada, poco permeable a los cambios en sus milenarias doctrinas. Su discurso se replicaba en otros temas conflictivos para los religiosos. Repudió el aborto en cualquier caso, incluso cuando la concepción fuera fruto de una violación. Meses antes de que se convirtiera en Papa, Bergoglio consideró “lamentable” un fallo de la Justicia que permitió reglamentar los abortos punibles en la ciudad de Buenos Aires. Un perfil que contrastaba con sus polémicos discursos con fuerte carga política que denunciaban los males del narcotráfico, la pobreza, la prostitución infantil y la trata de personas.

 El Papa saluda tras finalizar una misa en la iglesia de San Estanislao, en Roma (Reuters).
El Papa saluda tras finalizar una misa en la iglesia de San Estanislao, en Roma (Reuters).El Papa saluda tras finalizar una misa en la iglesia de San Estanislao, en Roma (Reuters).Un boomerang político

“En un principio, Bergoglio subestimó el matrimonio igualitario, pero cuando el proyecto se aprobó en Diputados ingresó activamente en escena para evitar que el Senado sancionara la ley. Mantuvo una posición negociadora, pero sobre el final cedió ante las presiones de los sectores más reaccionarios de la Iglesia y escribió esa carta”, recuerda Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans de Argentina (Falgbt).

Fiel a su estilo conciliador, Bergoglio mantuvo varios encuentros con representantes de la comunidad homosexual. “Tuvimos reuniones privadas. Nos dijo que no era un tema que le quitara el sueño. No era una oposición férrea: proponía una salida intermedia, que era sancionar una unión civil para evitar que usáramos la palabra ‘matrimonio’”, relata Paulón a El Confidencial.

Tras 14 horas de debate, el Senado finalmente aprobó la ley de matrimonio igualitario el jueves 15 de julio después de las cuatro de la madrugada. Una multitudinaria marcha, cartas y discursos no pudieron frenar la iniciativa, que contó con el apoyo de las principales fuerzas políticas, atentas ante el aval de la opinión pública.
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‘Su exabrupto se transformó en un 'boomerang' político. Todos los indecisos se indignaron al escuchar la reaccionaria voz de la Iglesia’“La intervención de Bergoglio fue clave para nosotros porque su exabrupto se transformó en un boomerang político. Todos los indecisos se indignaron al escuchar la reaccionaria voz de la Iglesia. No fue lindo que nos dijera que éramos parte de un plan del demonio”, reconoce Paulón.

Guillermo Marcó puede interpretar cada tono del Papa Francisco: fue su portavoz durante varios años en Buenos Aires, incluso durante algunos momentos de tensión por temas polémicos, como la relación con la comunidad homosexual. Marcó reconoce que el cardenal dijo “cosas espantosas” del matrimonio igualitario. “La institución del matrimonio fue creada por la Iglesia y luego fue tomada por la sociedad civil, por eso él proponía una unión civil”, explica. Y revela a El Confidencial: “Lo que más le molestaba a Bergoglio era que creía que después de aprobarse la ley iba a empezar un lobby en favor de la adopción para parejas del mismo sexo. Eso sí le parece muy grave”.

Apenas tres años después, aquel obispo conservador y combativo de Buenos Aires, rebautizado ante los católicos del mundo como el Papa Francisco, se transformó en el símbolo de una Iglesia más fresca y menos crítica sobre los pecados de sus fieles. Revolucionó la imagen del Vaticano.



El Papa Francisco saluda al Papa Emérito Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro (Reuters).
Francisco saluda al Papa Emérito Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro (Reuters).


Un cambio papal

Ya convertido en Papa, Francisco lanzó el primer gesto en una entrevista difundida después de Congreso Mundial de las Juventudes Católicas, en Brasil. “¿Quién soy yo para juzgar a un homosexual?”, dijo. También tendió la mano a los divorciados para que la Iglesia no se derrumbe “como un castillo de naipes”.

Francisco volvió a ensayar el pasado sábado el cambio de tono del Vaticano. Llamó a la Iglesia a “no mirar a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar a las personas”, sino a tener las puertas abiertas para recibir a todos, especialmente a los pecadores, necesitados, prostitutas, arrepentidos “y no sólo a aquellos que creen ser perfectos”. Un avance histórico porque su mensaje fue avalado por la gran mayoría de los obispos presentes en Roma.

'Por primera vez tenemos un Papa que es un pastor. No es un sacerdote que viene del área académica, como Benedicto, o de la diplomacia, como Pío XII. Francisco tiene una sensibilidad distinta porque estuvo en contacto con la realidad'El sacerdote Marcó calificó el documento como una “novedad” para la Iglesia. “Por primera vez tenemos un Papa que es un pastor. No es un sacerdote que viene del área académica, como Benedicto, o de la diplomacia, como Pío XII. Francisco tiene una sensibilidad distinta porque estuvo en contacto con la realidad”, explica.

“¿Cómo no vamos a bautizar a un hijo de una madre soltera? Es uno de los principales conflictos que sucede en los barrios más pobres. Eso el Papa lo conoce muy bien. No podemos ser ajenos al tema del divorcio”, agrega Marcó, actual director de la Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires. Y asegura que este último es uno de los problemas que desvela a Francisco.

Marcó, sin embargo, es cauto sobre los efectos del sínodo: “Es una expresión de deseo, pero no es una realidad. El Papa Francisco es el jefe de la Iglesia. La decisión que quiera la puede tomar en cualquier momento y no hace más falta que su intención”.

“Es un cambio pragmático, un cambio de formas, pero sigue teniendo una mirada de misericordia sobre los homosexuales. Está claro que la Iglesia necesita un acercamiento a la gente, necesita renovarse y para eso hace falta un fuerte cambio de discurso. Por eso empieza a comprender a los divorciados”, dice Paulón. Y agrega: “Me llama la atención este cambio de imagen porque Bergoglio tuvo rol activo en contra de la ley de matrimonio homosexual. Quiero creer que después de convivir tres años con el casamiento igualitario (antes de ser electo Papa) se dio cuenta de que no genera ningún apocalipsis”.

EL ARTÍFICE DE LA REVOLUCIÓN

PARA QUE NADIE SE LLAME A ENGAÑO.

COMO HEMOS DICHO, HASTA EN EL OPUS DEI SE DAN CUENTA.


Publicado en CHIESA



¡HAGAN LÍO!




La revolución paciente de Francisco

En el sínodo faltó el acuerdo sobre la homosexualidad y el divorcio, pero en definitiva será el Papa quien decida. Y los cambios que quiere introducir ya los tiene en mente, más aún, ya los pone en práctica. Un comentario de Paul Anthony McGavin



 



por Sandro Magister


 

ROMA, 24 de octubre de 2014 – No es verdad que Francisco haya estado en silencio durante las dos semanas del sínodo. En las homilías matutinas en Santa Marta martillaba cada día contra los celosos de la tradición, los que cargan sobre los hombres pesos insoportables, los que tienen solamente certezas y ninguna duda, los mismos contra los que se ha arrojado en el discurso de conclusión con los padres sinodales.

Este Papa es cualquier cosa, menos imparcial. Quiso que el sínodo orientara a la jerarquía católica hacia una nueva visión del divorcio y de la homosexualidad, y lo logró, a pesara del número ajustado de votos favorables al giro, luego de dos semanas de debates fogosos.

En todo caso, les recordó a cardenales y obispos que todavía tuvieran alguna duda que será finalmente él quien decida. Para refrescar su memoria sobre su potestad "suprema, plena, inmediata y universal" puso en el campo no cualquier pasaje elegante de la "Lumen gentium", sino los cánones pétreos del Código de Derecho Canónico.

Sobre la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar ya se sabe cómo piensa el Papa. Como arzobispo de Buenos Aires autorizaba a los "curas villeros", los sacerdotes enviados a las periferias, a dar la comunión a todos, si bien el 80% de las parejas ni siquiera estaban casadas. Y como Papa no teme alentar por teléfono o por carta a algún fiel casado en segundos nupcias a recibir tranquilamente la comunión, rápidamente, sin siquiera esos previos "caminos penitenciales bajo la responsabilidad del obispo diocesano" enunciados por alguno en el sínodo, y sin desmentir nada cuando luego se filtra la noticia de estos gestos suyos.

Jorge Mario Bergoglio ejercita también así los poderes absolutos de jefe de la Iglesia. Y cuando pisa el acelerador para que el conjunto de la jerarquía católica lo siga por este camino sabe muy bien que la comunión a los divorciados vueltos a casar, que son numéricamente pocos, es el desfiladero para un giro mucho más generalizado y radical, hacia esa "segunda posibilidad de matrimonio", con la consiguiente disolución del primero, lo que es admitido en las Iglesias Ortodoxas de oriente y que él, Francisco, ya poco después de su elevación al papado dijo que "se debía estudiar" también en la Iglesia Católica, "en el marco de la pastoral matrimonial".

Fue en julio del 2013 que el Papa hizo pública esta voluntad suya. Pero en esa misma entrevista en el vuelo de retorno desde Brasil él abrió el sendero también en el terreno de la homosexualidad, con ese memorable "¿quién soy yo para juzgar?" interpretado universalmente como absolutorio de actos condenados desde siempre por la Iglesia, pero ahora ya no más, si los realiza alguien que "busca al Señor y tiene buena voluntad".

En el sínodo, un viraje en esta materia no tuvo una vida fácil. Fue invocada en el aula por no más de tres padres: por el cardenal Christoph Schönborn, por el jesuita Antonio Spadaro, director de "La Civiltà Cattolica", y por el arzobispo malasio John Ha Tiong Hock.

Éste último se apoyó sobre un paralelo hecho por el papa Francisco entre el juicio de la Iglesia sobre la esclavitud y el juicio sobre la concepción que el hombre de hoy tiene de sí, para decir que como el primero cambió así también puede mutar el segundo juicio.

Mientras que el padre Spadaro presentó el ejemplo ofrecido por el Papa de una niña adoptada por dos mujeres, para sostener que es necesario tratar esta situación en modo positivo y nuevo.

Por haber insertado luego en el documento de trabajo, elaborado a mitad de la discusión, tres parágrafos que alentaban el "crecimiento afectivo" entre dos hombres o dos mujeres "integrando la dimensión sexual", el arzobispo Bruno Forte, secretario especial del sínodo por voluntad del Papa, fue desautorizado en público por el cardenal relator, el húngaro Péter Erdõ. Y la posterior discusión entre los padres sinodales despedazó los tres parágrafos, que en la "Relatio" final han sido reducidos a uno solo y sin la más mínima pizca de novedad, incluso superando el quórum de la aprobación. 

Pero también aquí el papa Francisco y sus lugartenientes, desde Forte a Spadaro y al arzobispo argentino Víctor Manuel Fernández, han centrado el objetivo de hacer entrar este tema explosivo en la agenda de la Iglesia Católica, en sus niveles más altos. Esto último se verá.

Porque la revolución de Bergoglio procede de este modo, "a largo plazo, sin la obsesión de los resultados inmediatos". Porque "lo importante es iniciar los procesos más que poseer espacios". Éstas son palabras de la "Evangelii gaudium", el programa del su pontificado.

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Esta nota ha sido publicada en "L'Espresso" n. 43 del 2014, en los kioscos a partir del 24 de octubre, en la página de opinión titulada "Settimo cielo" confiada a Sandro Magister.

23/10/14

HASTA EL OPUS DEI LO RECONOCE




Transcribimos este artículo que llegó a nuestro correo electrónico, procedente de un miembro del Opus Dei.




MARTES, 14 DE OCTUBRE DE 2014

La Relatio del Sínodo sobre la Familia y las doctrinas o praxis inadmisibles
P. José María Iraburu


Ayer (13-X-2014) se publicó la «Relatio» de las discusiones[http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2014/10/13/0751/03037.html] de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos que se está celebrando en Roma. Este documento ha suscitado una gran polémica en la Iglesia, en relación con un tema tan importante como el matrimonio y la familia.

Al comenzar este comentario de la «Relatio»,

1. es justo señalar en primer lugar lo mucho que hay de bueno en las propuestas de los Padres Sinodales. Es grato leer en la «Relatio» preciosas líneas acerca de la familia como «escuela de humanidad», el «deseo de familia» que permanece vivo en todos los hombres, la condena del individualismo, la advertencia del peligro de la «fragilidad afectiva» y de la «afectividad narcisista», la confirmación de la indisolubilidad de la alianza matrimonial redimida por Cristo, el elogio de la «fidelidad al sacramento» y de la «santidad cotidiana» o la importancia de que la Iglesia acompañe a sus «hijos más frágiles», como «la luz del faro de un puerto o una antorcha para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en medio de la tempestad».

2. Y es justo también indicar que es tarea muy difícil exponer con plena verdad en una síntesis breve lo tratado por dos centenares de sinodales en numerosas intervenciones a lo largo de una semana. Ahora bien,  los trabajos muy difíciles, sobre todo si han de ser realizados rápidamente,  suelen hacerse en modo deficiente.

3. El Cardenal Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, en una entrevista en «Il Foglio» ha declarado que la información oficial sobre el Sínodo «viene manipulada»[http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=22195], dando relieve solamente a una tesis [en línea con el Cardenal Kasper], en vez de informar fielmente acerca de las varias posiciones expuestas» en el Sínodo. Verdaderamente, al leer la «Relatio» podría dudarse de que en la asamblea sinodal hayan estado presentes e intervinientes, por ejemplo, Cardenales como Müller, Caffarra, Burke, Brandmüller, De Paolis, Pell, Martino, Ruini, Napier [http://infocatolica.com/?t=cat&c=S%EDnodo%20familia%20%20%20] y otras figuras notables de la Iglesia actual, que en los últimos meses se han manifestado abiertamente contrarios a la orientación ayer expuesta en la «Relatio».

4. Más aún, advierte el Cardenal que, en estas cuestiones sobre el matrimonio y la familia, «emerge una tendencia preocupante porque algunos sostienen la posibilidad de adoptar una praxis que se separa de la verdad de la fe».

Veamos cuáles podrían ser estas doctrinas o praxis inadmisibles.



* * *


–Las uniones homosexuales

Acerca de esta realidad, tan fuertemente promovida por algunos lobbys, con el apoyo prácticamente total de las grandes Organizaciones internacionales, se dice en la «Relatio»:

«…La Iglesia, por otra parte, afirma que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer [51]… [Ahora bien] Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas» [52].

En derecho, es un lugar común que la suppressio veri suele ser equivalente a la suggestio falsi. Es decir, que la omisión intencionada de una parte importante de la verdad equivale a menudo a insinuar una falsedad. Por ello, es necesario señalar que los eufemismos utilizados en estas frases no reflejan la doctrina católica en absoluto y pueden dar lugar a creencias erróneas sobre el tema.

Decir simplemente que las uniones homosexuales «no pueden ser equiparadas al matrimonio» es engañoso. Tampoco se pueden equiparar al matrimonio muchas relaciones buenas, como la amistad, los equipos de fútbol o los contratos de arrendamiento. Pero con las uniones homosexuales sucede algo mucho más importante: según la doctrina católica son el producto deactos intrínsecamente desordenados, un hecho que es fundamental para comprenderlas, y que la «Relatio» omite. Del mismo modo, es rechazable la expresión «las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales». No hay «problemática moral» en las uniones homosexuales. Hay simplemente una inmoralidad grave, porque están basadas en un pecado grave.

Estos eufemismos llevan directamente a la conclusión enunciada al final del párrafo 52: «hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas» del mismo sexo. ¿Valioso soporte?… Esta afirmación contradice directamente la enseñanza de la Iglesia sobre los actos homosexuales, que son los que definen ese tipo de uniones:

«…Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves (cf. Gn 19,1-29; Rm 1,24-27; 1Cor 6,10; 1Tm 1,10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl.Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso» (Catecismo de la Iglesia Católica 2357).

Si la propia Iglesia enseña que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, es decir, pecaminosos, contrarios a la ley natural y que no pueden recibir aprobación en ningún caso, ¿cómo puede un padre sinodal elogiar las uniones homosexuales basadas en esos actos?

Una unión homosexual, en sí misma, es una estructura de pecado, porque tiene su fin en un pecado y en ningún caso puede ser objeto de elogio. Las cosas buenas que haya en una unión de ese tipo no provienen de la unión, sino que existen a pesar de ella. En las acciones humanas siempre hay una parte de bien, pero cuando pecamos esa parte de bien queda reducida a un mero resto de bondad creatural en algo que el pecado ha destruido. Es metafísicamente imposible que haya algo absolutamente malo, pues lo malo es un no-ser, y ha de tener una existencia apoyada en algún bien, que es el ser. En el caso de las parejas homosexuales, la amistad entre ellos o ellas, que es un don maravilloso de Dios, se ha deformado y pervertido por el pecado. Que siga habiendo restos de amistad sana no hace que esas uniones pecaminosas sean dignas de elogio, sino, al contrario, revela de forma más clara cómo el bien que Dios tenía planeado ha sido carcomido por el pecado.

Veamos, si no, qué sucede si la argumentación de la «Relatio» se aplica a otros pecados. Un ladrón de bancos, por ejemplo, a menudo ejercita en sus robos una buena cualidad, como es la valentía. El mujeriego puede emplear gran cortesía con la mujer que quiere seducir. El estafador es imaginativo, el avaro es austero y el juerguista lujurioso quizá sea alegre y generoso. Sin embargo, resulta inimaginable un texto de la Iglesia que elogie a los ladrones, mujeriegos, estafadores, avaros y lujuriosos, tomando «en consideración» que hay casos en que esas cualidades buenas mencionadas «constituyen un valioso soporte» para sus vidas. Es evidente que, si usan esas cualidades buenas para hacer algo malo, no son dignos de elogio. ¿Por qué, entonces, se intenta tratar algunos pecados que están «de moda» –el ejercicio de la homosexualidad, por ejemplo–, de forma totalmente distinta a los demás pecados, como si en realidad no fueran tales pecados? Es de temer que se trate de la influencia del mundo, que se ve denunciado por la enseñanza moral de la Iglesia y desea acallarla. Un deseo que desgraciadamente halla cómplices en algunos católicos.

El error en este enfoque está en presentar la parte de bien, que existe en toda conducta humana por nuestra condición de criaturas de Dios, como si justificase el pecado o lo hiciera más aceptable. Por ejemplo: alguien abandona a su mujer «para rehacer su vida». Esos dos hombres forman una pareja homosexual, «pero fiel y no promiscua», etc. Es decir, se usan los restos de bien que el pecado aún no ha destruido del todo como excusa para justificar que se siga haciendo el mal, lo que indica una malicia diabólica. En cambio, la doctrina católica siempre ha enseñado que absolutamente nada en el mundo justifica cometer un pecado. Nada. Y menos un pecado mortal. Una afirmación que relativice su importancia como si, de algún modo, se compensase con otras cosas buenas que haga la persona es siempre errónea, está inspirada por el Padre de la Mentira.

Los elogios se vuelven aún más inadecuados si tenemos en cuenta que el apartado de la «Relatio» dedicado a las personas homosexuales se titula simplemente «Acoger a las personas homosexuales», sin ninguna llamada a la conversión, y sin comunicarlos lo que enseña la Revelación divina sobre los actos homosexuales. En efecto, se omite señalar cuál es el camino que la Iglesia propone a las personas homosexuales:

«Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo, que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica 2359 ).

Esta omisión es especialmente grave, porque oculta a las personas con atracción por el mismo sexo el plan de Dios para ellos, es decir, la vía por la que pueden alcanzar la perfección cristiana, la santidad.


–Las parejas de hecho

En el número dedicado a las «uniones de hecho», se repite esta misma tendencia a otorgar una cierta aprobación de actos pecaminosos:

«…En otros países, las uniones “de hecho” son muy numerosas, no por motivo del rechazo de los valores cristianos sobre la familia y el matrimonio; sino sobre todo por el hecho de que casarse es un lujo, de modo que la miseria material empuja a vivir en uniones “de hecho”» [38].

Del mismo modo podría decirse que la pobreza «empuja» a la prostitución o al robo. En realidad, los «valores cristianos sobre la familia y el matrimonio» incluyen no cohabitar si uno no está casado, ya sea por no tener dinero o salud o por cualquier otra razón. En consecuencia, cohabitar sin matrimonio siempre es «rechazar los valores cristianos». Por eso es un pecado.

Esta afirmación revela, además, un desprecio paternalista por los pobres, que resulta muy poco cristiano. Va a resultar por ese camino que, según el Evangelio, los ricos tienen un camino más expedito que los pobres para vivir la santidad. En efecto, al sugerir que es propio de los que viven en miseria material anteponer las consideraciones económicas a sus principios morales, los está considerando cristianos de segunda categoría, incapaces de vivir realmente el Evangelio, como supuestamente harían los cristianos adinerados de los países ricos. Esto es falso no solamente a la luz de la fe católica, sino a la luz de la misma experiencia.

En realidad, este tipo de justificaciones suelen ser más bien una excusa de quienes optan por convivir extraconyugalmente. Así pues, no tiene sentido darles carta de naturaleza en un documento eclesial, porque es una constante del ser humano el intentar justificar sus propios pecados. Lo mismo hacen quienes roban («no lo echarán en falta, porque tienen mucho dinero»), odian («se lo merece»), envidian («es injusto que a ella todo le salga bien y a mí no»), etc. La falsa justificación no sólo no justifica, sino que aparta del perdón y de la verdadera justificación, y arraiga a la persona en el pecado, porque no le deja reconocer la propia culpa.

Una pastoral caritativa, en estos casos, consiste en ayudar al que se engaña a sí mismo a salir de su engaño, no en confirmarlo en su extravío. Debemos aprender de Cristo, que presentaba la verdad tal como es: «entrad por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran» (Mt 7,13-14).


–Los divorciados vueltos a casar y la comunión eucarística

Finalmente, la «Relatio» incluye, casi literalmente, algunas propuestas que hizo el Card. Kasper antes de que comenzara el Sínodo sobre la recepción de la comunión por parte de los divorciados en una nueva unión:

«Con respecto a la posibilidad de acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos. Para algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes» [47].

Esta propuesta es presentada como una novedad en el Sínodo sobre la familia de 2014-2015. Pero parece ignorar que el Sínodo anterior sobre la familia, en 1980, trató precisamente este tema y enseñó la doctrina católica sobre el mismo:

«La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio» (Exhortación apostólica postsinodal, San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 84).

Nótese que en ese documento del Papa se señalaba un motivo doctrinal (contradicción objetiva de su situación con el amor entre Cristo y la Iglesia), y otro pastoral (la posibilidad de error y confusión sobre la indisolubilidad). Doce años después, el Catecismo de la Iglesia Católica ahondaba sobre el mismo asunto:

«…El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente»… (Catecismo 2384).

También la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar[http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_14091994_rec-holy-comm-by-divorced_sp.html], dos años más tarde, reafirmó esta doctrina de la Iglesia:

«Por consiguiente, frente a las nuevas propuestas pastorales arriba mencionadas, esta Congregación siente la obligación de volver a recordar la doctrina y la disciplina de la Iglesia al respecto. Fiel a la palabra de Jesucristo, la Iglesia afirma que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el anterior matrimonio. Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comunión eucarística mientras persista esa situación».

Por lo tanto, resulta inconcebible escuchar en un Sínodo de los obispos este tipo de propuestas ya condenadas repetidas veces por ser frontalmente opuestas a la enseñanza constante de la Iglesia. La propia excusa de la naturaleza meramente «pastoral» de estas propuestas también es contraria a esa misma enseñanza de la Iglesia, que establece con total claridad que la práctica de no admitir a la comunión a los divorciados casados civilmente tiene una motivación pastoral, y no sólo doctrinal. Esta propuesta destruye la razón de ser del Sínodo, ya que socava los cimientos de la enseñanza de la Iglesia, y sustituye la estabilidad de la Cruz de Cristo, en torno a la cual gira el mundo, por una Veleta en cambio permanente, que deja a los fieles «zarandeados por cualquier viento de doctrina» (Ef 4,14).


–La comunión espiritual

Una objeción del Card. Kasper, contraria a la práctica de la Iglesia, que también ha sido recogida cuidadosamente en la «Relatio», resulta lamentable por su ingenuidad:

«Sugerir limitarse [en los divorciados recasados] a la sola “comunión espiritual” para no pocos Padres sinodales plantea algunas preguntas: ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental?» [48].

Este tema ya fue tratado en un artículo publicado por Bruno Moreno en InfoCatólica, tituladoPolémicas Matrimoniales (II): la comunión espiritual[http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1405160448-polemicas-matrimoniales-ii-la]. La respuesta a esta cuestión es evidente: la práctica de la comunión espiritual consiste en un acto de «deseo» de recibir la comunión, no en «la recepción» objetiva del Pan celestial, Jesucristo. Un acto de comunión espiritual, en una persona bien dispuesta, puede hacer que la persona reciba las mismas gracias que si hubiera recibido la comunión eucarística. Pero en una persona que quiere persistir en una situación de pecado grave producirá otras gracias distintas, adecuadas a su situación particular, como la gracia del arrepentimiento de ese pecado. Así pues, comunión eucarística y la práctica de la comunión espiritual no pueden equipararse, y la objeción carece de sentido.

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Como resumen, conviene resaltar que, entre los temas recogidos en la «Relatio», hay varias afirmaciones inaceptables a la luz de la doctrina católica. Esto no es una mera opinión particular del abajo firmante, sino que ha sido señalado por diversos prelados, como el Mons. Stanislaw Gadecki, arzobispo de Poznan [http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=22194] y presidente de la Conferencia Episcopal Polaca (el contenido de la «Relatio» es «inaceptable para muchos obispos»), el Cardenal Wilfrid Fox Napier [https://www.lifesitenews.com/news/why-not-communion-for-polygamists-if-we-give-it-to-divorced-and-remarried-s] o el Cardenal Burke (la «Relatio» usa un lenguaje «confuso» e «incluso erróneo»). Es cierto que el Papa ha querido que en el Sínodo haya un ambiente de libertad para favorecer la discusión; pero evidentemente esa libertad, entre católicos y más aún entre obispos, nunca puede ser excusa para la negación de la doctrina de la Iglesia. Es la Verdad la que nos hace libres y no la libertad la que nos hace verdaderos.

El mero hecho de que se discuta lo indiscutible será tomado por el mundo como una señal de que, para la Iglesia, la fe católica ya no es indiscutible, al menos en algunas cuestiones. La negación pública de la doctrina constante de la Iglesia por parte de algunos Obispos y Cardenales inevitablemente hará pensar que esa doctrina es solamente una opinión más entre muchas. Aunque la Iglesia reafirme finalmente la doctrina católica (como no será de otra manera), es de temer que, en muchas personas, el daño ya esté hecho. Recemos por los Padres Sinodales y por el Papa, para que sepan proclamar fielmente el Evangelio que han recibido, de modo que la Iglesia siga siendo «la luz del faro de un puerto o una antorcha para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en medio de la tempestad» («Relatio» 23).